Clima y Suelo

El clima de la zona se define como templado medio, con notable tendencia a continentalizarse, de manera que los inviernos son fríos, y los veranos muy calurosos. Esta continentalidad, sumado a los vientos que frecuentemente soplan por toda la región y dificultan la pluviometría, dan lugar a un paisaje semiárido. Una característica del viento de nuestra tierra, denominado “cierzo”, es que contribuye a la sequedad del clima. No obstante, la presencia de montañas en las cercanías tiene efectos positivos para la pluviosidad, permitiendo medias anuales más altas y persistentes, donde se dan bajo la forma de chubascos primaverales o tormentas estivales. Las precipitaciones en las proximidades montañosas suelen ser muy bajas, de 350 a 540 mm.

Temperatura media anual: 14,54 °C

Precipitación media anual: 308 mm.

El paisaje de colinas desciende hasta la llanura de Cariñena; el suelo, a cierta altura, está formado por guijarros de los depósitos aluviales y coluviales y muestra las condiciones necesarias para el cultivo de la vid, pues no necesita mucha humedad pero cuando la recibe es capaz de conservarla durante largo tiempo. En estas zonas el clima se dulcifica y las cepas hallan el método idóneo para su desarrollo.